sábado, 20 de abril de 2019

POEMA RESILIENTE

En este recodo de la vida, donde el dolor te forja
 donde no necesitas ni mapa, ni equipaje;
 donde no cuentan las facturas, ni los premios, 
ni los comprobantes crediticios; 
donde sorprende el abrazo, claudican los miedos
y las cicatrices van entronizando luchas… 
 Donde el sol se amodorra en tu almohada cómplice, 
en la boca sonriente de la alegría simple; 
donde una sincera mirada certifica el universo…
 Allí, en la comarca de la noble verdad,
 justo ahí, puedes ser vos, puedo ser yo
e inaugurar esta primavera otoñal, desde la garganta al alma.

Anabella González Tassara

sábado, 13 de abril de 2019

Pobreza que duele...

Entre la pegajosa humedad de la vereda Y la monocorde marcha indiferente de la calle Talcahuano, un pedido ajeno se entremezcla con mis pasos. Más el apuro de llegar a mi oficina no me evita descubrir su desamparo “Una moneda, señora” reclama un niño descalzo, jinete de trenes, mendigo del viento, escoltado por un perro solitario que persigue su errante sombra con olor a barro y paco. Entonces mi apuro se empantana, Y recuerdo el carísimo disfraz innecesario que acabo de adquirir para otro pequeño, con otra suerte en un shopping de Altos. Un sándwich y una leche tibia le compro, para que al menos hoy desde la ingenuidad de sus cortos años, conquiste un mediodía diferente menos hostil, menos amargo… Sus ojos de cometa, se preguntan si otra vez estará soñando… Y su mano helada, me ofrece a cambio la estampa salvadora del santo de los milagros. Retomo la vuelta a mi equipada prisión de último confort y el callejero corre y se atrinchera a la vera de un volquete. Rodeado por tres como él corta el botín en cinco trozos, como quien parte el pan en el altar del hambre, para los otros y para él y su perro desgarbado, aquel que por las noches aplaca el frío y el estómago vacío y lo hace sentir único y soberano. No me siento mejor ni más buena, ni más humana. Por el contrario, la bronca se me atora en la garganta junto al grito de tantos invisibles que se ahogan en la urgencia del hoy sin respuestas ni amparos; mientras me estalla la conciencia por los trece millones de pobres, en trece millones de pedazos y me vuelve la piel, el latido y las ganas de hacer “algo”. Anabella González Tassara